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HISTORIAS SOBRENATURALES PARA NIÑOS Y NO TAN NIÑOS...

 

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VISIÓN EMPRESARIAL

Recuerdo de hace unos cinco días, el hecho de haber salido de una reunión después de las 3 am. Sí, pasamos varias dificultades para alcanzar la culminación de nuestro proyecto; yo había malcomido durante algunas semanas, tampoco había dormido gran cosa que se diga, mi aspecto lucía descuidado y el aseo personal era sólo un sueño... Encima de todo me encontraba enfermo de una terrible gripe, pero no me importó, pues estábamos cerca de terminar nuestro tan ansiado proyecto. Por suerte, pude continuar a pesar de todo. En la escuela nos lo habían dicho, tendríamos qué trabajar muy duro, y no importando cómo fuera obtendría el éxito.
Llegando a mi hogar continué con el análisis de presupuestos y a checar si los balances iban bien. Una vez más, observé todo en perfecto orden y supe que al fin podía tomar vacación. Sin embargo, faltaban aún un par de trámites sencillos qué realizar, pero eso ya no era asunto mío, mi trabajo había acabado.
Incitado por la suave iluminación de mi departamento, parpadeé aliviado, y luego me tendí en un sillón para descansar los ojos por un momento.
¡Ah! Qué alivio tomar una pequeña siesta luego de tanto trabajo. La gripe me hacía sentir comatoso frecuentemente y pensé que, después de todo, no sería mala idea descansar. Me comencé a sentir lívido, algo como fuera de nuestra dimensión. No podía creer que pudiera ser tan placentero desahogarme así. Luego de un buen tiempo con los ojos cerrados, comencé a tener un sueño, una extraña visión, en que merodeaba por un cuarto oscuro, muy frío. Pero de pronto, la luz irrumpía por una puerta. Era una luz cálida y atrayente, y a través de la cuál sentía que una voz me llamaba por mi nombre. La luz se hacía más grande y llenaba el cuarto. Yo la vi. Una silueta se extendía por detrás de esa luz, y supe que era quien me llamaba. Caminé hacia la figura y ya tocaba su mano cuando algo me despertó.
El celular sonaba con insistencia, y cuando contesté me enteré que el trámite de una de las licencias se estaba dificultando. Era una mala noticia, y ponía en grave peligro el alcance final de nuestro gran proyecto. Tendría qué acudir a la oficina de gobierno a explicar cómo había estado el asunto. De volada colgué y me apresuré a buscar mi maletín para llevar los comprobantes con el contador. En mi búsqueda noté que un agrio aroma llenaba el cuarto. No había tiempo para buscar lo que fuese el causante (Quizás la pizza de hace dos semanas), debía apresurarme porque las oficinas tenían un horario reducido.
Al salir a buscar mi vehículo, los conductores me veían extraño. Sí, ya sé: había salido sin planchar el traje que llevaba puesto, luego de haber dormido con él puesto. Tampoco tuve tiempo de peinarme y llevaba varios días sin afeitarme. Por si fuera poco, ni siquiera tuve tiempo de verme al espejo, aunque claro: tenía que verme terrible.
El tráfico estuvo por suerte fluido y supuse que llegaría a tiempo. Sí, debió ser porque me pasé un alto.
Al fin llegué, y me apresuré hacia la fila. Todos se quedaron extrañados, pero me hicieron pasar a mí primero, creo que tengo buenos contactos. El contador me saludó no de muy buena gana, claro, ambos estábamos cansados por tan pesada semana. Al preguntar por las facturas, las extraje rápido y se las entregué. Tras hojearlas brevemente, me dijo que todo estaba perfecto y el asunto quedaba arreglado. Me estrechó la mano y me agradeció: “Es todo, su trabajo aquí ya terminó. Al fin puede descansar en paz”. Y me dormí en su escritorio.
FIN
17/04/2005 06:54

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